Da click a la imagen y entra al grupo en facebook

Teatro con mirada de mujer (posmoderna)

Por: EVE GIL

Este texto está protegido. Prohibida su reproducción parcial o total sin consentimiento de la autora

Dramaturga y crítica teatral, entre otras muchas cosas relacionadas con los escenarios, Estela Leñero (México, 1960) publica una compilación de tres de sus obras pertenecientes a lo que ella denomina “mi segunda época”: Lejos del corazón (Ediciones El Milagro, 2008): la que da título al libro y única en haber sido montada, tanto en México como en España, dirigida aquí por Iona Weissberg y allá, por Gema Aparicio Santos; “Sabor amargo”, que se escenificará este año en el Foro Shakespeare y “AguaSangre”, la más ambiciosa desde el punto de vista escénico y cuyo montaje se contempla para el próximo año, bajo la dirección de Lorena Maza: “Son tres obras de mi última etapa de producción, del 2005 en adelante, y ese es un punto en común. Por otra parte, son obras donde hay un subterfugio de la muerte, este “lugar-no-lugar” donde habitan nuestros seres queridos; almas, espíritus de nuestros ancestros.”
Este último elemento, abordado desde diversos ángulos, tiene su apoteosis en “AguaSangre”, obra con que cierra el volumen y donde cristalizan en almas o espíritus a los que un ceramista, Tomás, desea darles un cuerpo a través de un objeto. Su compañera, Martha, cree también en espíritus que desean habitar cuerpos, pero considera que estos preferirán que fueran vivos. En “Sabor amargo”, por otro lado, está la presencia de un padre muerto, a la manera de Hamlet, que acosa a su hijo: “Es una familia como hay muchas, de las que llaman disfuncional –explica la dramaturga, con la intensidad que caracteriza tanto a su escritura como a ella misma: -El hermano es acosado por el padre, frente a la familia, y a través de esta situación vamos viendo cómo se reproducen las relaciones de poder: hijo golpeado/padre golpeador”.
El que el fantasma del padre se le aparezca al único hijo varón para exigir a este que vengue su muerte, ejecutada nada menos que por el actual marido de su madre, en complicidad con esta, nos remite inmediatamente al Hamlet de Shakespeare, que en realidad ya era referente antes de que el dramaturgo inglés lo llevara a escena pues se inspira en un rey danés, contemporáneo de otro rey rescatado por la literatura: Arturo: “Es un Hamlet contemporáneo que termina siendo un antihéroe… de hecho el mismísimo Hamlet es un antihéroe, un hombre acosado por el fantasma del padre, por la obligación de cumplir con su destino. Como es tragedia, terminan todos muertos: el padre, la amante, la esposa, etc. En mi obra no todos tocan ese trágico destino. Uno no escribe tan concientemente pero, en efecto, este Hamlet tiene una madre con un esposo muerto y un amante vivo y con un hijo que no sabe que quiere de la vida y se finge loco. Eugenio Barba, que hizo un montaje sobre el Hamlet shakespereano, dice que, tras una exhaustiva investigación, concluyó que como Hamlet no quiere cumplir con su destino, hace como que está loco, tratando de esquivar con ello a la muerte o la obligación que le corresponde. Hay temas clásicos que siempre te dicen algo, como en Lejos del corazón, un Edipo del siglo XIX enfrenta el destierro como perseguido político y la historia, que siempre se contó desde el punto de vista de Edipo o de Antígona, la fiel hermana que lo acompaña, tiene aquí una tercera versión, la de la hermana que los traiciona, Ismena –yo preferí llamarla “Ismene”. Nuevamente revertí los personajes y elegí como protagonista a este personaje lateral de la historia.”
En “Lejos del corazón” se vive la muerte en el escenario, esta búsqueda de la hermana prisionera en una mina –Ismene- y la otra hermana, con su padre –Antígona y Edipo-, prisioneros en una gruta, en una isla, y este perpetuo intento por encontrarse, por lo que el espacio que habitan se transforma en un laberinto, “¡y no solo el espacio!- agrega Estela- sino el laberinto de los continentes, el de los caminos que no se cruzan, el de los seres queridos que siempre están lejos aunque quieran estar juntos, y viven la muerte en el momento, es decir: nunca se encuentran”.
“Entre paréntesis, cuando una querida amiga –Gema Aparicio Santos- la montó en España, le corregí al último momento porque ella no le encontraba el modo y es que, si bien los personajes se encuentran, objetivamente no pueden hacerlo pues se encuentran en continentes diferentes… pero yo hago que se encuentren, y ella me decía: “¡No se encuentran nunca!”. Decidimos entonces dejar el final abierto.”
En las obras de Estela, tanto las de la primera como las de la segunda etapa, se advierte una fuerte presencia de elementos del teatro clásico, coexistiendo con personajes y circunstancias reconocibles para el público mexicano y actitudes de las corrientes vanguardistas con las que la dramaturga mexicana está familiarizada. “AguaSangre”, por ejemplo, es un thriller policiaco pero también una reflexión religiosa y existencial, inspirada en “La metamorfosis” de Ovidio. Pero es, sobre todo, una puntual reminiscencia de las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez, representadas por el personaje de “la mujer herida”: “La mujer herida es algo mágico, porque aunque es muerta en la segunda escena, su alma empieza a habitar los cuerpos de todas las muertas por violencia intrafamilar tan presentes en nuestra historia y en nuestra cotidianidad, como almas en penas a las que no se les hace justicia y deambulan clamando por ella. Esta mujer se hace justicia y habita un cuerpo que ella quiere habitar. Se convierte en el tormento del asesino, un poco a la manera del padre de Hamlet, aunque éste asesino carga con las miradas y las voces de quienes mató. Se supone que fue una muerte accidental, pero igualmente motivada por el abuso de poder y él, Roberto, está cargando esa realidad en todo momento.”
“Ha de ser una pinche terrorista, creyéndose revolucionaria”, exclama Roberto, el asesino, ante la mujer herida en la que no reconoce a su mujer.
En las obras de Estela Leñero, la presencia femenina es muy poderosa: Ismene y Antígona en “Lejos del corazón”… Rosa, la sexuada madre de César y Silvia, la hermana quinceañera que rencorosa calla los abusos que padece por parte del padrastro en “Sabor amargo” y pudiera ser mejor vengadora que su hermano… y “la mujer herida” y Marta, quien ejerce su libertad de decisión hasta las últimas consecuencias en “AguaSangre”, nos hacen ver que estas obras están escritas con fuerte conciencia de género: “Tengo la formación de antropóloga social y me dediqué muchísimo tiempo a realizar investigación sobre mujeres, hice mi tesis en licenciatura sobre las mujeres trabajadoras de la confección, la industria textil y la maquila –experiencia de la que surgiría su primera y exitosa obra dramática, Las máquinas de coser- y también he estado muy cerca de los movimientos feministas. Una como mujer puede escribir sobre mujeres y ampliar este universo que históricamente ha sido documentado desde la postura masculina, aunque ha habido mujeres que participaron muy activamente en las transformaciones sociales.”“La primera etapa de mi dramaturgia –explica Estela- era más demostrar esta situación tan desigual, tan desventajosa para las mujeres… en la segunda mi deseo es mostrar mujeres del siglo XXI que han expandido sus horizontes, con una vida activa, libres, como en otra obra que publicaré este año… las consecuencias de ejercer esta libertad que no siempre lleva por el mejor camino pues lleva también a la concesión, a reflexiones existenciales... y no porque me lo haya propuesto sino porque se me ha dado trabajar personajes femeninos con una voz propia.”
Entre su primer y segundo periodo de escritura, Estela Leñero se dedicó a dirigir, iniciándose con una obra propia titulada “Insomnia” que al ser un experimento de teatro sin palabras, “de acotación”, se vio en la necesidad de dirigirla ella misma. A raíz de este trabajo le surgieron otras ideas y escribió y dirigió “Paisaje interior”. Dirigiría posteriormente obras de dramaturgas mexicanas como Leonor Azcárate, Alicia Sánchez y Marcela Alvarado, entre otras: “En lo de la dirección tuve una formación práctica porque estuve seis años de asistente de dirección del Centro de Experimentación Teatral del INBA que dirigía Luis de Tavira. En el aspecto de la actuación mucho menos: estando como asistente de de Tavira entré de actriz emergente… o mejor dicho, de “bulto emergente” (risas), ahí me di cuenta que para ser actriz necesitas estudiar mucho. Descubrí sobre todo que en la actuación el reto más fuerte es repetir, reviviendo y no repitiendo, cada noche al personaje… hacerlo vivir cada vez, aunque sea a diario, y para ello se requiere de una técnica impresionante. Pero lo mío, definitivamente, es escribir y finalmente dejé todo lo demás porque absorbía mi espíritu, mi cuerpo, mi mente, ¡todo!, y no me quedaba nada para escribir, hasta que llegó el momento en que vi que no podía entregarme a las dos cosas y me quedé con la escritura y desde la escritura amplié mis miras hacia la investigación y la crítica, pues el mayor de mis vicios es ser espectadora teatral. Así que cuando voy al teatro digo “voy a trabajar”. Mínimo, acudo una o dos veces a la semana y escribo sobre lo que veo. La escritura también me llevó a enseñar teatro. Llevo cinco años dando talleres, tengo dos en el foro Shakespeare y me ha enriquecido muchísimo pues me brinda la posibilidad de contribuir al desarrollo de la dramaturgia mexicana.”
Actualmente, la dramaturga, que en su apellido lleva no su penitencia, sino su orgullo –Estela es hija del gran Vicente Leñero- escribe una obra que, dice, “está muy verde en la escritura pero llevo como tres años investigando y llega el momento en que la investigación te aplasta y te sale por las orejas”. En junio presentará, en co-edición del FONCA y Escenología otro libro que reunirá otras cinco obras de teatro titulado “Verbo líquido”. Contendrá obras ya montadas, algunas han recibido premios: “Insomnia” (1993), “Verónica en portada” (estrenada en 2008), “El codex Romanoff” (2006), “Habitación en blanco” (Premio Nacional de Dramaturgia 1989, montada el 94) y “Verbo líquido”, que da título al libro y es una propuesta interdisciplinaria.

2 comentarios:

Hacker Hans dijo...

Vaya que está muy activa nuestra amiga. Habrá que leer AguaSangre

Hacker Hans dijo...

Vaya que está muy activa nuestra amiga. Habrá que leer Aguasangre